El entendimiento mutuo
La Humanidad
tiene aspiraciones cósmicas, quiere llegar a las estrellas, conquistar el Universo
y someter a la muerte. Pero tiemblo al pensar en lo que pasaría cuando esos
otros sistemas estén habitados. Tiemblo, pues si los habitantes no son tan
agresivos como nosotros, o bien más, y además que cuenten con los medios para
someternos, se repetirá una conquista de américa. Aspiramos conocer la
alquimia, transmutar los elementos, construir en el espacio, crear vida, pero aun
no logramos dar con un medio viable para resolver nuestros problemas.
No logramos resolver nuestros problemas ni en los niveles más familiares. Inmanuell Kant propone preguntarse si nuestra máxima de acción se
puede universalizar, es decir, si quiero llevarme algo de la casa de un amigo,
debo preguntarme ¿sería posible universalizar esto, que sea permitido que cualquiera
se lleva algo de la casa de otro -p.e. de mi casa?, si no es universalizable es
inmoral. Pero la complejidad de la universalización está pre-estableciendo que
el que se hace la pregunta es moral, pues cada situación es específica y si el inmoral que se roba algo argumenta que
sí se puede universalizar, cuando es en las condiciones que él lo hace, p.e.
porque él lo necesita y su amigo no. Además, preguntarse a cada acción si dicha
acción es universalizable es bastante poco práctico.
El cristianismo
planteó algo parecido, pero al revés; no si es universalizable, sino si es
aplicable a mi propia persona. Esto anula la dificultad de tener que pensar en
cada ser del universo, siendo que aplico una regla que puedo comprobar en mi
mismo. Esto también tiene sus contratiempos: “no hagas a otros lo que no quieres
que te hagan a ti”, o “has a los demás lo que quieres para ti”… pero ¿se vale
p.e. para un masoquista? Si soy masoquista y disfruto con el dolor, entonces
según esta regla, y también la Kantiana, puedo hacer al demás dolor, pues es lo
que a mi me parece bien.
Por otro lado,
queda por aclarar quienes son los demás, para el cristianismo, o de que
universo estamos hablando. Esto fue astutamente visto en el relato bíblico,
pues alguien preguntó “y quien es mi prójimo”, con lo que Jesús contesto con la
parábola del buen samaritano queriendo demostrar que prójimo es el que necesita
tu ayuda sin importar factores adyacentes (raza, credo, posición). Pero este argumento es voluble a resquebrajar, cómo
bien lo ha hecho ya en discusiones racistas para justificar el esclavismo, o la aniquilación masiva,
donde se argumenta que el otro “no es humano”.
Pero estamos
yendo lejos, puesto que no es mi objetivo encontrar soluciones universales,
sino en el ambito personal, familiar, grupal. Ningún cambio profundo en la sociedad
humana se podrá alcanzar desde arriba pues esto significaría imposición, sino que debe venir desde adentro, desde
el yo, desde la persona.
Las fases de
desarrollo humano están íntimamente ligadas al desarrollo natural de cada ser
humano, es decir, ser hijo, alejarse de los padres, encontrar pareja, ser padres, ser
abuelos. En cada fase se alcanza una nueva medalla, y se desarrollan y pierden facultades.
Pero no todos subimos
juntos al mismo tren, ni en la misma estación, ni al mismo destino. No todos
pagamos el mismo ticket, ni llevamos el mismo equipaje. Es por esto que es muy difícil
ver las cosas con el lente del otro y los acuerdos son difíciles.
Debemos deshacernos del concepto de bien para llegar a algo. El
bien, que es su falta es el mal -según Aristóteles- es relativo y a la hora de negociar
nos puede bloquear: el otro es el malo, porque no quiere lo que yo quiero, que es lo bueno, entonces yo soy el bueno. Todo lo que el otro
proponga puede perjudicarme, todo lo que yo quiero esta bien. Pensar así es tan
falso, como que el otro, no está pensando lo mismo. Debemos partir del hecho de
que somos tan buenos como malos, duales, tambaleantes, inseguros, y que tanto
yo como el otro, solo queremos lo mejor para si mismos. Si empezamos así el
fangoso piso del bueno y el malo, empieza a secarse, se hace concreto. Si partimos de la consigna "yo defiendo lo mio y tu lo tuyo", estamos siendo mas realistas y por consiguiente estamos mas cerca de encontrar soluciones que si partimos del punto "yo te quiero convencer que mi deseo es bueno".
Cuando trato de
que mi hijo haga algo, no pienso en que si no lo hace porque es malo, sino que no
lo hace porque le falta la experiencia para identificar lo que debe hacer. Es bien sabido que los niños son egoístas, pero la verdad es que son tan egoístas como los adultos, pero no son capaces como los segundos de ocultarlo bien. Tampoco han aprendido aún que los otros también tienen sus deseos egoistas, y que ese deseo se debe respetar. El egoísmo en este sentido no se trata peyorativamente sino como una imposición positiva de la naturaleza para asegurarnos la supervivencia.
Nuevamente aqui vemos que "lo bueno y lo malo" están fuera de lugar. Si simplemente etiqueto a mi hijo como malo por su falta de experiencia para contener su egoísmo, ya esta todo perdido. No podremos lograr entendimiento porque "la Maldad" es un concepto abstracto de poder universal.
Es equivalente a buscar el origen de nuestros problemas en nuestro linaje, consanguinidad, genética. Si argumentamos que somos agresivos, rencorosos, pendencieros, etc. , porque lo llevamos en los genes, entonces no estamos libres de decidir nuestro comportamiento y somos máquinas controladas por pasiones hereditarias, flujos hormonales, impulsos nerviosos. Y aunque nuestra naturaleza nos ha dotado de mecanismos de supervivencia, como en los estados de alarma, la adrenalina, vivir a merced de la fisiología nos denigra al estado animal, irracional. Si en cambio nos acemos responsables de nuestro destino y tomamos las riendas de nuestras vidas y nuestras reacciones, tendremos más que ganar.
Ya Freud en su libro sobre el malestar en la cultura, analiza con su característica claridad la búsqueda del placer y el dolor identificando las vías de escape, entre las que cuenta la religión, el aislamiento, las drogas, etc. Aqui me interesa la segunda, puestro que el aislamiento o separación de la sociedad nos separa también del dolor, pero Freud lo contrasta luego con la socialización, en la que el hombre participa del díalogo y construye en comunidad. En la naturaleza observamos creaturas de manada y animales solitarios, pero dificilmente se transforman los de manada en solitarios o viceversa. Los primates son grupales. Y parece que el hombre también, puesto que de no ser por la sociedad y la acumulacion de cultura y conocimiento, la humanidad no sería más que primates inteligentes con vestiduras y herramientas de poco monta. El salto entre el individual y la sociedad es gigantesco.
Nuevamente aqui vemos que "lo bueno y lo malo" están fuera de lugar. Si simplemente etiqueto a mi hijo como malo por su falta de experiencia para contener su egoísmo, ya esta todo perdido. No podremos lograr entendimiento porque "la Maldad" es un concepto abstracto de poder universal.
Es equivalente a buscar el origen de nuestros problemas en nuestro linaje, consanguinidad, genética. Si argumentamos que somos agresivos, rencorosos, pendencieros, etc. , porque lo llevamos en los genes, entonces no estamos libres de decidir nuestro comportamiento y somos máquinas controladas por pasiones hereditarias, flujos hormonales, impulsos nerviosos. Y aunque nuestra naturaleza nos ha dotado de mecanismos de supervivencia, como en los estados de alarma, la adrenalina, vivir a merced de la fisiología nos denigra al estado animal, irracional. Si en cambio nos acemos responsables de nuestro destino y tomamos las riendas de nuestras vidas y nuestras reacciones, tendremos más que ganar.
Ya Freud en su libro sobre el malestar en la cultura, analiza con su característica claridad la búsqueda del placer y el dolor identificando las vías de escape, entre las que cuenta la religión, el aislamiento, las drogas, etc. Aqui me interesa la segunda, puestro que el aislamiento o separación de la sociedad nos separa también del dolor, pero Freud lo contrasta luego con la socialización, en la que el hombre participa del díalogo y construye en comunidad. En la naturaleza observamos creaturas de manada y animales solitarios, pero dificilmente se transforman los de manada en solitarios o viceversa. Los primates son grupales. Y parece que el hombre también, puesto que de no ser por la sociedad y la acumulacion de cultura y conocimiento, la humanidad no sería más que primates inteligentes con vestiduras y herramientas de poco monta. El salto entre el individual y la sociedad es gigantesco.
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