domingo, 22 de diciembre de 2019

_ La Ética de la bondad

La Ética de la bondad

Después de estudiar la Ética de Aristóteles que te dice que "lo bueno es a lo que todas las cosas tienden" y que ser bueno nos lleva a la Felicidad, pasamos a Kant que trata de crear una Ética formal, no basada en directrices específicas sino en una generalización que pretende englobar todas las leyes, culturas y situaciones. Kant separa los imperativos que nos llevan a ser éticos en condicionales (cuando somos buenos para ser felices, p.e.) de los imperativos categóricos (cuando somos buenos porque tenemos que serlo, o porque sí).

Aunque entre ambas teorías existe una separación temporal de más de dos mil años, ambas éticas resultan todavía hoy utilizables.

Pero en ambas hay un punto congruente ya que parece que la primera frase de Aristóteles citada aquí se da por evidente, y es que "se tiende al bien" siendo así estas éticas, éticas del bien o de la moral. ¿Pero porqué debemos esforzarnos por guíar nuestras conductas hacia el bien?

Pudiera parecer que mi pregunta es diabólica o maliciosa. A primera vista se puede cerrar el libro y quemarlo antes de quemarnos los dedos o los ojos leyendo más. Pero para el valiente insisto: ¿hay sólo una Ética del bien?

También parece evidente -siendo equivocado- que si promocionáramos el mal, encaminamos la existencia humana a una destrucción sin precedentes. En las cárceles estan "los malos". A los gobiernos los mejores. Pero ya aquí empiezan aún para el más ecuménico a parecer torcidas las cosas: ¿están realmente los malos en las cárceles? son realmente nuestros dirigentes, los catedráticos, los creyentes, los maestros y profesores realmente "los buenos"?. Cómo en tiempos de barbarie,  mayor de las gentes portaban armas y estaban listas y dispuestas a peliar, herir y matar, sin que hubiera en ello ni el más mínimo remordimiento moral, dado que esto es también parte "del deber"?  ¿Y no es "el deber" lo que cumplen las fuerzas armadas, al luchar contra "los malos"?

Aristóteles, como Platón y Sócrates defendían una clara moral que hoy por hoy sería un ejemplo para la juventud (irónico).  Para el primero, la felicidad era el fin último a la que llevaba la buena conducta. Para Platón los mejores, los filósofos, debían estar al mando del gobierno, pues habían alcanzado la maduréz que les permitiría dirigir la polis con sabiduría, Sócrates prefirió acatar las leyes aunque estas injustamente le condenaran a la muerte. En fin, la triáda de filósofos griegos creían cada uno a su manera en el Bien como los cristianos en Cristo.

¿Pero quién defiende al mal?

Aunque el mundo de hoy tiende a declarar derechos, y tiende a la constitución de estados de derecho (mas o menos arbitrarios), aun en nombre de estos derechos mismos, se traspasan los derechos que se estan defendiendo. Esto está bien aceptado en el contexto Nietzcheano de "el fin justifica los medios" aunque no sea tan verdad. Porqué si vivimos en un siglo post-Luces, si aspiramos a conquistar el Espacio, a prolongar la vida, porque aún nuestros gobiernos dilapidan sumas inconmensurables en mantenimiento tanto de una clase armada "violenta" como en investigación y desarrollo de armas?. ¿No es esto la preparación del crímen asi como el asesino que compra, limpia y carga su arma?

En tiempos de ultraciencia, de indagación de la partícula última, asi como del fin del Universo, se paga a personas para que se entrenen en usar armas y las usen.  Quizás contra quienes también las estan usando de modo inaceptado, quizás contra quien no tiene protección. ¿Pero quién lo decide?

Parece ser que a pesar de su evolución cognoscitiva el hombre no puede desligarse de su maldad, y ni siquiera de su agresividad. Pero lo que es más interesante, es que parece ser que la humanidad se divide entre los que pueden y los que no, aunque no exista separación biofisiología que permita hacerlo desde una visión científica. El violento, nacido criado o movido a otro ámbito, puede ser igualmente pasivo que como el pasivo puede en otras condiciones ser agresivo.

Me explico: mantenemos en la cárcel al hombre que mató a su mujer por celos, mientras que muchos podemos ser descendientes de algún grandioso guerrero que asoló aldeas, matando y violando y se hizo merecedor de algún título nobiliaro y una buena renta. Todavía peor: no sabemos que hacen nuestros soldados en misión que mantenemos con nuestros impuestos, pero estamos orgullosos de ello y de ellos, aunque su acción no difiera mucho de la de aquel hipotético antepasado asolador de aldeas, asesino y violador.

En este sentido, parece que lo único que podemos concluír, es que tanto el asesino como el asceta pueden ser el mismo hombre, cambiando sólamente el camino que le les ha llevado hasta allí. Y siendo así, es el violento y el apacible el que así lo escoja y elija, o el que así lo tenga configurado en su genes, sin poder nosotros ni nadie, renegar de estos ni de aquellos, por los que cada uno puede y debe tener la libertad de seguir su camino sin ser castigado por ello.

¿Pero como puede ser esto si yo quiero paz y no guerra? ¿con qué derecho vendrá el violento a cercenar mi paz? Pues el violento luchará contra el violento y servira al pacífico y le hará servirle, hasta que por selección natural, uno de ellos se imponga. Como Caín y Abel, el bueno es asesinado por el malo, que continúa su reproducción.

Enaltecemos a hombres sabios como Einstein, de los cuáles la ciencia se ha llegado a preguntar ¿cómo se puede ser tan sabio? y es que justamente con Einstein, arquetipo de sabio del siglo XX, se hicieron estudios sobre la mecánica de su pensamiento, sin llegar a nada muy concluyente. Aún su cerebro se conserva y reparte a científicos que lo soliciten. Se afirma que Einstein no habría sido Einstein en otras circunstancias, aunque es seguro que otro en su lugar -en sus mismas, idénticas circunstancias- tampoco habría llegado a las conclusiones que Einstein llegó. Osea que Einstein sólo es Einstein en sus circunstancias.

Sin ir más lejos, en sociedades en guerra el servicio militar obligatiorio tiene por fin preparar a cada candidato en el arte de manejar armas mortíferas y obedecer órdenes destructivas sin someterlas al más mínimo juicio de ningún tipo.

Si el crimen es tan malo, ¿Porqué permitimos verle en escenificaciones?. Quizás pueda parecer una absurda exageración, pero es que los medios actuales estan tan llenos de violencia que parece una contradicción hablar de sociedad pacífica. Las técnicas modernas nos permiten crear contenidos más realistas -que el Teatro por ejemplo- con efectos especiales de sangre y destrucción. No importa quienes son los buenos o los malos, tampoco quien gane al final, la cuestión es que el espectáculo es una realización violenta y sanguinaria que a muchos divierte durante su desarrollo. Es la "catarsis", de algún modo nos gusta esto, lo necesitamos.

Mientras la formación de nuestro mundo data en millones de años, el conocimiento de nuestra historia sólo algunos miles, en los cuales hemos pasado de un mundo artesanal, cazador, guerrero, físico a uno muy diferente, artificial, mecánico, consumista, pasivo. El mismo Cromagnon que recorría grandes extensiónes buscando caza para matar, que con sus propias manos desencarnaba, destripaba, despellejaba y consumía -quizás por mucho tiempo también cruda- hoy en día camina a su vehículo o la estación, llega a su oficina, se sienta horas frente al computador, compra en el supermercado alimentos casi listos para su consumo, y como distracción mira en algún medio películas de acción.

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